Convocado por la curiosidad, en días pasados asistí a una charla sobre
la vida de Juan Benigno Vela en su casa museo en Ambato. Ahora quiero compartir
algunas reflexiones, no de la charla; más bien, aquellas que han surgido luego
de algunas lecturas, consultas y visitas a las bibliotecas y museos de la
ciudad. Las colocaré como premisas en espera de corolario.
Primera premisa.–
Ambato conserva la figura de los Juanes como elementos estáticos, como si
Montalvo siempre hubiera sido candela y polémica, enemigo furibundo de Mera y
su contradictor ideológico; como si Mera jamás hubiera abrigado ideales propios
del liberalismo o como si debiéramos recordarlo solo por su obra literaria y no
por su influencia en la construcción de la naciente República; como si Vela
hubiera sido escritor antes que político o que debiéramos recuperar su obra sin
detenernos en escudriñar su pensamiento.
La verdad es que Montalvo le escribió al amor antes que a la causa y,
según dicen sus biógrafos, fue amigo de Mera y su familia; en momentos se
enfrentaron y en otros se mantuvieron amigados. A Juan León, García Moreno lo
conoció como un joven liberal y católico, antes de madurar su pensamiento.
Vela, el más joven, fue político antes que escritor e institucionalista más que
revolucionario. Los tres compartieron enemigos comunes; los tres tuvieron peso
en la vida política e intelectual del imberbe Ecuador.
Segunda premisa.– Los
homenajes, expresados en fechas conmemorativas como el Día del Maestro; en
títulos adjetivos de su ciudad natal al llamarla la ciudad de los Tres Juanes;
colocar sus nombres en calles y parques o resguardar sus casas patrimoniales,
han servido para mantener su nombre vigente, pero no han sido efectivos, a
excepción de Montalvo, en mantener su pensamiento y su obra cercanos a quienes
deseen conocerlos o estudiarlos. Prueba de ello es la ausencia de sus
publicaciones completas en las bibliotecas de la ciudad.
Más allá de saberlo, nadie asocia la fecha escogida para conmemorar el
Día del Maestro con la del nacimiento de Montalvo; pocos de los fervorosos
hinchas que a voz en cuello entonaron el Himno Nacional durante los partidos de
la selección de fútbol entenderán por qué Mera colocó esos y no otros versos en
su letra; copia de los de Olmedo, dirán algunos despistados. El caso más grave
es el de Juan Benigno Vela, carente de biógrafos, de compiladores de su obra y
de analistas de su pensamiento e influencia.
Tercera premisa.– Lo
que pasa con los Juanes, de forma ingrata, se acentúa con otros hombres y
mujeres de letras, intelecto e influencia. Basta con citar nombres como Alfonso
Barrera Valverde, Jorge Enrique Adoum, Pedro Porras Garcés, Alfonso Moscoso,
Blanca Martínez Mera, María Natalia Vaca, Raquel Verdesoto, Gustavo Eguez
Villacrés, Fausto Palacios y un larguísimo etcétera de olvidados.
A manera de conclusión.–
Ambato ha decidido, por inacción, invisibilizar a sus intelectuales,
pretendiendo que conservar sus casas o rotular sus parques y sus calles es
suficiente, olvidando que mantener vivo el pensamiento requiere de la
permanente circulación de sus obras.
Ya habrá tiempo para más conclusiones; no son objeto de este post y,
como pueden ver, el corolario queda también por escribirse, y dejarlo abierto
responde a la urgencia de provocar uno por cada lector de este texto. Ojalá sea
así. Los leo en los comentarios.
